Organización Colectiva, una forma de participación directa en la construcción de nuestra sociedad

Por Carolina Sepúlveda
Colectivo Intevención Ciudadana Ancud – COMPAS

La construcción de la sociedad la realizamos las personas en conjunto, de manera colectiva, desde las dinámicas familiares y comunitarias cotidianas, hasta las elecciones sobre nuestro futuro. Somos los pueblos, sociedades y grupos de personas quienes construimos culturalmente nuestras instituciones y regulaciones; éstas no nacieron ni se han desarrollado de forma independiente de nuestras decisiones, acciones, luchas y aspiraciones. Esto último nos remite al sentido político de lo colectivo, el rol de la agrupación de personas que comparten aspectos de la vida en común y se identifican mutuamente como parte de un grupo que configura un nosotros.

El ejercicio colectivo de la ciudadanía es un requisito para una sana democracia, donde la visión de los diversos actores locales esté representada. Hoy en día esto es obviado por la mayoría de nosotros, ya que remitimos nuestra participación en las decisiones nacionales y locales al acto de votar cada par de años por las autoridades instituidas por el Estado, delegando toda nuestra responsabilidad en la construcción cotidiana de la sociedad y el desarrollo de los espacios en los que vivimos. Esto se hace más preocupante al no existir una opción real de elegir, ya que el sistema electoral se sustenta en la competencia de partidos políticos que nos ofrecen un mismo modelo de desarrollo.

Es así que vivimos en la creencia de que el orden social y las instituciones que lo regulan están fuera de nuestro alcance e incidencia, casi como si estuviéramos destinados a un orden divino, imposible de modificar, donde funcionamos día a día acatando los márgenes que nos imponen las leyes y políticas de desarrollo que no decidimos, que decidieron otros por nosotros, y casi siempre en directo beneficio de unos pocos, no del bien común en que se sustenta la misma legitimidad del Estado.

Entonces, esta legitimidad del orden social actual parece encontrarse coja desde el análisis del ejercicio real de la democracia y la construcción de un proyecto encaminado hacia la búsqueda del bien común. Sin embargo, existe otro pilar que cimienta este estado de la sociedad, y ese es el miedo.

En un rito constitutivo del Estado, las personas delegamos el ejercicio de la violencia en sus manos, para ser administrado en función del orden social y, por supuesto, el bien común. Sólo Él posee el uso legítimo de la justicia y la fuerza. Podemos concordar en que de no ser así nuestra convivencia sería caótica, pero el punto en cuestión es que si no tenemos real incidencia en la creación de nuestro ordenamiento legal, tampoco estamos construyendo una noción de justicia social y colectiva, por lo tanto, muchas de nuestras aspiraciones de desarrollo social finalmente quedan al margen de la norma, por tanto son penadas por la justicia, e incluso con la violencia. Esto no es una exageración, lo vivimos día a día, cuando buscamos mejorar nuestras condiciones laborales, de educación y salud, proteger nuestro entorno ambiental, o el reconocimiento de nuestros derechos como pueblos originarios.

Es aquí donde sale a la luz el miedo, ese poder escondido que nos impide organizarnos, dar nuestra opinión, incluso pensar que es posible construir instancias locales de desarrollo que nos ayuden a vivir en un entorno mejor, socialmente más justo, y económica y ambientalmente más sustentable.

Conformamos una sociedad que se ha construido, desde hace un tiempo a esta parte, sobre la visión de lo individual y lo privado, tendiendo a la desvinculación entre las personas que comparten experiencias comunes. Ésto sin duda nos ha distanciado colectivamente, cimentando ese temor a expresarnos, participar y construir, el que se acrecienta al vernos solos. Sin embargo, este estado de la sociedad es transformable, y depende de nosotros, de la unión de voluntades colectivas, encaminar esa tarea. En nuestras dinámicas locales y comunitarias existen espacios de encuentro donde se ejercen prácticas colectivas del cotidiano, en el barrio, el grupo de amigos, la organización vecinal, cultural, sindical o deportiva. Estos espacios, y todas las instancias que nos inviten a conversar sobre lo que queremos como sociedad, son potenciales núcleos de acción ciudadana colectiva, que nos permitirían avanzar hacia la construcción de una sociedad desde la diversidad, la localidad y la cultura propia, generando una democracia más activa que podemos comenzar a ejercer desde las instancias más cercanas de decisión sobre nuestro desarrollo, como son los municipios.


Revista El Chucao – Edición del 20 de diciembre 2010 al 20 de enero 2011

About these ads

4 comentarios to “Organización Colectiva, una forma de participación directa en la construcción de nuestra sociedad”

  1. bno la verdad esq la informacion esta del 1 y el dibujo ni se diga gracias

  2. de veras q deben hacer eso

  3. amiga b¿no me sirvio tu imformacion >.<

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 66 seguidores

%d personas les gusta esto: